martes, 23 de septiembre de 2008
La Selva (Capítulo I)
Me quedé viendo la luna... a través del espeso follaje... y entre toda aquella densa maleza no se podía distinguir ni una silueta... sólo sombras y sombras, de árboles cuyas ramas se adentraban y obstruían las vías y cuyas hojas espesaban el aire casi imposible de respirar, con mil olores de todo tipo de plantas. Resultó muy sencillo entrar en pánico en ese lugar... el fango se extendía a lo largo de los caminos hasta donde podías llegar a ver... El lodo aprisionaba tus zapatos y no dejaba que te movieras con facilidad, es por eso que mis pasos se volvieron lentos y cautelosos. Avanzaba teniendo suma atención en las afiladas esquinas de cada tronco y rama de los árboles viejos e impactantes con muchos años de sobrevivencia y esa palabra se quedó resonando en mi cabeza... Zumbando, zumbando como un insecto fastidioso que bate sus alas en tu oído... y un líquido comenzo a fluir de mis paladares acompañado por una presión en el pecho, por manos temblorosas... Miedosas y con gotas de sudor a borbotones... Era Terror.
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