Sencillamente ella volteó, y me miró fijamente sin decir nada más. Sonreía tan sexy, tan aparentemente inocente (pero yo sabía que esa mini la delataba), estaba algo ansiosa, pues me comía con los ojos, se mordía el labio inferior, y cada que podía me daba la espalda, y sacaba culo.
yummy...
¿Acaso esa escena era muy sexual?
Me compuse, y le desvié los ojos, volví a ver a mi novia, Ahlee, tan gloriosa en su pequeño tamaño (de proporciones perfectamente divinas, de cara angelical, y sonrisa cautivante). Yo estaba completamente enamorado de ella, no la cambiaría por nadie, y pensándolo aún mejor, su físico sólo era un plus, ya que lo que te engatusaba era su personalidad (era como si me absorbiera sin hacerlo evidente, como si su modo despreocupado de amarrarme a ella y tenerme completamente bajo su puño autoritario, fuera tan sutil, que casi ni yo podía notarlo, simplemente jugaba con mi cabeza, y eso me encantaba. Ella era perfecta)
Y de la nada se acercó la chica de la mini, se presentó con descaro: "Hola, soy Mariana, tienes un novio muy lindo, Ahlee"
No sabía que Ahlee la conocía, eso me puso nervioso, pues le miré el culo evidentemente durante casi cinco minutos.
Ni se le ocurra coquetearme delante de mi bombón...
"Lo sé Mariana, mi novio es perfecto ¿no es así? nos vamos a casar en un mes ¿puedes creerlo? No te preocupes, te invitaré a mi boda, pero por favor, no vayas con esa falda, es decir, querida... deja un poco a la imaginación ¿nunca tan corriente no es así? de todas formas, estás preciosa, pude ver tu calzon de gatito cuando te agachaste ¡qué hermoso! mi hermanita menor tiene el mismo en color fucsia." - Respondió Ahlee
Ja ja ja, la dejó muda ¡Esa es mi bombón!
Mariana no supo qué decir, sólo sonrió algo incómoda y se alejó, tirando un poco de su falda hacia abajo.
- Amor ¿Qué fue eso? - Le pregunté
- Sólo la ponía en su lugar ¿Crees que no la vi mostrándote todo su culo?
- Eh...
- No te preocupes amor, ya no lo hará - y me mando tres besitos volados cortitos, con una sonrisa de seguridad y auto-confianza tan grandes que llegaban a ser incluso soberbias, pero eso me encantaba. Me tenía a sus pies.
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