Se me hizo tarde, me debía duchar rápido.
en pleno baño, mientras el agua me terminaba de empapar, recordé como si fuera ayer, el día en el que Ahlee y yo oficializamos el compromiso.
- Amor ¿crees que tu y yo estaremos juntos por siempre?
- Niccolo, el "por siempre" es un mito
- ¿Hasta morir?
- Quizás...
- Yo quiero pasar contigo el resto de mis días, y cada segundo respirar de ti, conocer cada lunar, y escribir un verso a diario sobre tu piel. Quiero amarte más, hasta ya no saber si tanto amor puede caber en mi.
Entonces me arrodillé, y tendí mi mano para alcanzar la suya y ponerle un anillo, por el cual ahorré mucho (jamás me arrepentiré de ese putísimo extremadamente caro diamante)
Ahlee, me miró fijamente...
- Te amarrarás a una loca ¿lo sabes no?
- Entonces debes meterme a tu manicomio de una vez
- Acepto llenarte de besos, acepto encerrarme contigo en mis estúpidos sentimientos, acepto que me ames, para poder amarte, y acepto amarte para que me ames más y más y más...
- Te amo más de lo que piensas mi bombón
- Pero yo te gano por mucho - Y me sonrió dulce, con ojos drogados de un éxtasis sentimental que yo también compartía en esos momentos.
Y nos besamos tan rico, y esa noche no fue sexo, fue amor puro, expresado en cada caricia y cada beso.
Volví de mi recuerdo, fue tan bonito sentir que cada hora que pasaba, era una hora más cercana a tenerla mía, en todo sentido, poder decir que era mi esposa.
Nunca me habían entusiasmado las bodas ni las formalidades antes, pero simplemente cuando el amor te golpea tan fuerte, lo único que quieres es hallar todas las maneras para afirmarlo, y lo mejor del caso era que ella y yo pensábamos igual, estábamos en contra de las falsedades de la iglesia, y por eso nuestra boda sería en la playa (civil), sería perfecto, todo perfecto.
Me cambié rápidamente y fui en taxi hasta su trabajo.
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