Nos fuimos de la reunión de Mathew, en realidad ni siquiera habíamos planeado ir, pero la insistencia de Pam (la mejor amiga de Ahlee), nos había hecho levantarnos y cambiarnos.
Yo hubiera preferido seguir acostado en el departamento, al lado de mi gorda, viendo la maratón de resident evil.
Pero Ahlee no le podía fallar a Pam, jamás le fallaba, pues eran "hermanas", ambas de la misma edad, con los mismos pasatiempos, he incluso si no me equivoco, hasta compartieron enamorado un tiempo.
En fin, felizmente ya nos íbamos. Uno de los motivos más grandes por los que quería volver a casa era que "ya me tocaba". Mi bombón se la había pasado trabajando mucho las últimas dos semanas, al igual que yo, y sólo volvíamos a dormir, extremadamente cansados, pero hoy era el día, un sábado retornando a casa a la 1:00am era ideal.
Ya me imaginaba sus besos por todo mi cuerpo, y su lengua jugando sobre mi piel.
- ¿Gordo? - Me hizo reaccionar de mi trance sexual.
- Dime bomboncito
- Las llaves, amor.
- Oh aquí tienes - Y al meter la mano a mi bolsillo para sacar el llavero, halé el juego de llaves y salió volando un condón.
Ahlee se quedó mirando el paquetito negro en el piso, y después me miró a mi.
- Eres un pillín amor. - Dijo, tocándome el pecho.
Le sonreí dulcemente, ella abrió la puerta del departamento, y me jaló de la camisa. En su mirada veía un alma salvaje, desesperada y sedienta de lo mismo que yo. Juro que con ese vestido que se le pegaba tanto a sus gloriosas piernas, y con tal trasero que tenía (sus horas en el gimnasio la mantenían muy deseable), hacía que yo me volviera loco, además ese escote, y su sonrisa tan dominante y tierna al mismo tiempo, terminaban por aniquilarme. Ella era mi infierno en pleno cielo.
Pasó lo que tenía que pasar, y no pienso entrar en detalles. Sólo diré que fue: riquísimo.
Mi Bombón me dejó el desayuno preparado, y se fue a su oficina, aunque era domingo, sus últimos proyectos de publicidad con una marca de ropa deportiva, la tenían tratando de sacar tiempo de donde podía (en éste caso incluso de nuestros intocables fines de semana), y yo tenía que esperarla viendo fútbol, "rascándome las bolas" y "chorreado en el sofá". Dijimos que almorzaríamos juntos, así que la planeaba llevar a un lugar único, aún no creía que iba a ser mi esposa en tan poco tiempo, y quería que lo que quedaba de nuestra etapa de "novios" fuera especial...
Para enamorarla aún más antes del gran día.
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