lunes, 27 de febrero de 2012

Un extraño sueño.

Tuve un sueño muy extraño.

Soñé que amaba a una mujer, y no, no era aquel amor que sientes hacia tu madre o hacia tu hermana o tu tía o tu mejor amiga, era un amor con ilusión y pasión y desenfreno.

Soñé que amaba con locura a una mujer.
Íbamos las dos en un bus rumbo a un lugar que no recuerdo (es un poco borroso) pero lo que si me percaté es que subíamos por cerros, y el escenario era bello, rústico, con casas de barro y tejas.
De pronto ella volteó a reclamarme... que no luchaba por ella me decía; que no bastaba
con lo que le demostraba; Yo me paré sobre mi asiento y mirando hacia el fondo del bus, le grité a todos los pasajeros "ella es la mujer a la que amo, yo la amo, ¡YO LA AMO!" Nadie dijo nada, y simplemente me volví a sentar... la tomé de la mano y le volteé la cara hacia mí (estaba mirando por la ventana ya que se había avergonzado con mi gracia) Le dije mirándola fijamente a los ojos : "Tu eres mi vida, tu eres lo único bueno de mi", me sonrió, ella tan hermosa...
su piel pálida de color casi blanco que parecía porcelana, su cabello negro como la noche, su nariz tan respingada y su sonrisa perfecta... ME BESÓ, sus labios al chocar con los míos me causaron un temblor en todo el cuerpo, "oh por Dios" pensé... qué rico se sentía besarla! sus labios eran calentitos, y suaves como almohadita, así como rozar la piel con seda y morder algodón de azúcar... se movían con tal lentitud que podían calentar los míos y no quería que acabara... la amaba, en mis sueños la amaba.

Me levanté algo extrañada... ¡Qué hermoso sueño pensé!

No me confundió, no pensé en nada más... pues aquel pensamiento dejó en mi lo que se siente en realidad el amor puro y verdadero, sin importar nada más que lo que ambos corazones sienten al estar uno al lado del otro.

domingo, 26 de febrero de 2012

Todo lo que guardo.

A veces me daban ganas de morder metal hasta acabar con mi furia, para después... acostarme en la cama y enrollarme entre las sábanas para pensar en ti, en lo mucho que deseaba arañarte la piel, incrustar mis uñas en tu oscura tez, y enredar mis dedos entre tus rulos, acariciando tu cabeza, acelerando tu pulso... Me daban ganas de morderte los labios, succionarlos, introducir mi lengua en tu boca y fusionarla con la tuya, hacer que nuestros dientes choquen, y que saborees mi saliva haciéndose miel en ti.
Muchas veces tenía ganas de llamarte y perderme en tu voz, dejar que los impulsos me conduzcan hasta tu casa, cerrar todas las puertas y ventanas, amordazarte y someterte a mis fantasías, volverte presa de mi juego, desnudar mis pudores ante tu ego, y alimentar tu vanidad con mis anhelos... y es que tu cinismo me llama.
Casi siempre soñaba con que me desees tanto como yo a ti, dejarte sin aliento por pensarme, que tus yemas quieran la piel rozarme, que tus ojos me desvistan imaginariamente, que quieras como picasso pintarme, y entre tus brazos mecerme, y nunca más alejarte.
Quise muchas veces introducirme en tu mente, añadirte aquella obsesión psico-demente, algo dulce pero malévola, que haga que me persigas a tientas, que me busques en la oscuridad de tus más profundos deseos sin censura, que me hagas presa de tu locura, que me ates a tu cadera para no alejarme más, y bailar al compás de nuestros cuerpos al fusionar.