domingo, 26 de febrero de 2012

Todo lo que guardo.

A veces me daban ganas de morder metal hasta acabar con mi furia, para después... acostarme en la cama y enrollarme entre las sábanas para pensar en ti, en lo mucho que deseaba arañarte la piel, incrustar mis uñas en tu oscura tez, y enredar mis dedos entre tus rulos, acariciando tu cabeza, acelerando tu pulso... Me daban ganas de morderte los labios, succionarlos, introducir mi lengua en tu boca y fusionarla con la tuya, hacer que nuestros dientes choquen, y que saborees mi saliva haciéndose miel en ti.
Muchas veces tenía ganas de llamarte y perderme en tu voz, dejar que los impulsos me conduzcan hasta tu casa, cerrar todas las puertas y ventanas, amordazarte y someterte a mis fantasías, volverte presa de mi juego, desnudar mis pudores ante tu ego, y alimentar tu vanidad con mis anhelos... y es que tu cinismo me llama.
Casi siempre soñaba con que me desees tanto como yo a ti, dejarte sin aliento por pensarme, que tus yemas quieran la piel rozarme, que tus ojos me desvistan imaginariamente, que quieras como picasso pintarme, y entre tus brazos mecerme, y nunca más alejarte.
Quise muchas veces introducirme en tu mente, añadirte aquella obsesión psico-demente, algo dulce pero malévola, que haga que me persigas a tientas, que me busques en la oscuridad de tus más profundos deseos sin censura, que me hagas presa de tu locura, que me ates a tu cadera para no alejarme más, y bailar al compás de nuestros cuerpos al fusionar.

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