Estas atado a mi cabellera, sobrepuesto en mi cabeza, afectando el hemisferio derecho de mi cerebro, mezclando mis sensaciones y sentimientos. Alteras mi Prosodia, ya no puedo encontrarle entonación a lo que digo, todo se torna absurdamente obtuso, y ya no quiero sentirme así de perdida.
Elevas mi demencial condición a sus confines, al límite de lo adictivo, aquel punto peligroso que te hace ser un vicio, uno que te corroe internamente si no es saciado lo suficiente por su capricho. Te internas en lo profundo de mis silencios, y alteras aquella melodía de lamento, es inusual cómo la tornas en consuelo, engañandome con que tú eres el único remedio.
Amarras mis brazos a tu cintura, y me llevas a rastras persiguiendo tu figura, anhelando poder caminar de tus huellas, retorcidamente queriendo quedarme en aquel estado. Pegas mis pies a tu sombra, me torno negra cómo la noche, inconciente en un derroche, de besos que boto al aire anhelando que tu piel rocen.
Engatuzas mis instintos para pecar en tu nombre, volverme animal y atacar son tus ordenes, sin pensar en nada más acecho tu silueta, y sólo espero el momento para aferrarme a ella. Engañas a mi concienca para enclaustrarse en tu pensamiento, y ocultas la realidad para dejarme sumida en el sueño eterno, en el que tú eres mar, cielo y tierra; en el que yo soy el sol y la luna que se turnan a tu antojo y manera.
Te crees Dios, y yo religion; Y soy firme creyente de las doctrinas de mi señor.
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