martes, 3 de enero de 2012
Nada que perder.
A veces intentamos muchas cosas para ser felices, así como creer más... incluso si nunca antes hemos creído. Solemos aprender a hacerlo e inventar la fe y esperanza suficiente como para entregarnos, rogando interiormente no equivocarnos... mas, la mayoría de las veces recibimos sólo malas nuevas, y terminamos por renegar de nuestros caminos, de nuestra vida, de nuestra existencia... de "¿Por qué caigo siempre en el mismo hueco?" aquella debilidad sutilmente escondida en cada uno de nuestros talones, aquel punto exacto en donde nos tropezamos y tocamos suelo, ahí... justo ahí, es dónde siempre tendremos que estar vendados, que usar refuerzos, que andar con cautela... pues en cuanto menos nos percatamos ya hemos vuelto a caer, y la herida aún no cicatrizada se incrementa, y el dolor se intensifica... perdemos contacto con la realidad y comenzamos a bacilar, y justo en aquel límite es cuando llega ese vago pensamiento que nunca pensamos se cruzaría por nuestras mentes "ya no tengo nada que perder", pero por supuesto que tienes algo que perder... A TI, sin embargo ya quedaste en segundo plano, y aquello más importante, aquello en lo que creíste, lo que amaste y por lo que fuiste... toma el primer puesto en tu existencia... y ya no queda más, pues sacrificar es la única opción, y quedas tan absurdamente imbécil como la primera vez... aquella primera vez en la que quisiste ser feliz, en la que comenzaste a creer... sólo que esta vez ya no hay más vida para volver a caer. Piénsalo de este modo... si mueres, al menos algo bueno hiciste, si total... "ya nada perdiste".
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