martes, 29 de enero de 2013

Otoño.

Otoño, hojas marrones cayendo, y entonces te vi, de pura casualidad. Tu caminabas despreocupada, y yo sin propósito, me mirabas sin mirarme, y yo te miraba observándote. Eras tan pequeña y frágil, yo tan grande y absurdo (ese día más absurdo que grande, y yo soy muy grande) especialmente aquel domingo se me ocurrió enamorarme, y tú fuiste el sueño que pasó guiñando el ojo sin pensar lo que aquel gesto ocasionaría en mi al despertarme de una realidad estancada en monotonía. Tú, las tijeras que cortarían todo lazo que tenía a la razón, para hacerme estúpido, imbécil y todo lo que tú quisieras que fuera, o que no fuera, y que fuera sin quererlo o queriéndolo solo por quererte.

No hay comentarios: