lunes, 12 de agosto de 2013

Espina.

Era una espina en cualquier lugar al que iba, en cualquier lugar donde vivía: era una espina.
Pequeña, frágil, fastidiosa. Era lo que le molestaba a todos, y de lo que podían fácil librarse. 
A veces deseaba ser una rosa, un girasol, una margarita... Pero no, yo era la espina.
Estaba sola, no tenía a nadie más, y dolía. 
Quizás si algún día el viento me llevaba... 
Quizás podía volar hasta un prado en donde ya no sufra más, 
Quizás me lleve así al mar y me hunda, me ahoge, me desvanezca. 
Quizás así, entre la oscuridad del océano, mi sufrimiento y mi insignificante existencia,
Se camuflen... y me pierda sin nada más.
Pues ya no hay nada más al parecer. 
Intenté cambiar mi entero ser,
Intenté creer que una espina podía llegar a ser más que una espina.
Pero terminé dándome cuenta.
Nunca seré más que sólo eso. 

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