CAFÉ
Seguí andando sin dirección, pensando en el porque de mi fastidio, en general de todo lo que sentía en ese momento... De pronto decidí sentarme a tomar un café, el olor me había atraído como abeja al panal, volteé hacia ambos lados de la pista y cruzé despreocupada con el letrero fijo en mi vista.
Ingresé y todo parecía tan apetitosamente cálido, que era justo lo que yo necesitaba en ese momento, me acerqué a la caja y un chico amable, con lentes (que hacían mas grandes sus ojos color miel y ampliaban sus arqueadas pestañas), cabello castaño claro, casi dorado, de tez blanca y sonrisa resplandeciente, se dirigió a mi diciendo - ¡Buenos Días!, ¿Qué te apetece?- mi estomago gruñó - Umm... - me sonrojé y me puse a pensar lo que quería mientras pensaba cuantos años tenía aquel cajero con una placa pequeás con su nombre: Mateo, decidí que tenía unos diecinueve ya que carecía de expresión adulta y sus ojos brillaban con impresionante destello como los de un niño, por fin me decidí - Umm... quiero un capuccino de mocha latte y un muffin... de banana - el chico sonrió, tecleo los números en la caja registradora, haló el ticket y escribió algo por atrás, le extendí el dinero y me lo rechazó con la palma, me entrego la boleta y se apróximo susurrando - esto viene de la casa - (Guiñó el ojo) mis ojos centellaron y quedé enmudecida, solo pude acentir y creo que logre articular media sonrisa, caminé hacia el mostrados y me entregaron mi pedido de ponto dije indescisa - Eh... para llevar... - la chica del mostrador que me estaba entregando la comida parecía molesta pero siempre con una sonrisa en el rostro... Me entregó una bolsa de papel color cartón con el muffin dentro y un vaso que contenía el caliente líquido.
- Que lo disfrutes
- Gracias - añadí.
Salí y volteé tratando de expresar poco interés para ver a mateo pero este justo estaba ingresando a la cocina, me volví y salí al frío congelante otra vez.
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