martes, 17 de febrero de 2009

Amiga Soledad.

La mejor de mis aliadas, así mismo, la peor de mis enemigas.
Mi musa sublime, mi agobiante desesperación...
Mi vicio, mi tentación... que me saca de mis casillas y me calma en la misma acción.
Cordial y sensible. Mi sombra y mi voz.

Cada hora de mi desvelo, hace que la madrugada penetre cada nervio.
Mi tiempo, mi sueño...
Ella es mi apoyo, mi martirio y mi consuelo.
Culpable de todas las veces que siento que muero,
Pero que en aquel límite del abismo, hallo la manera de alzar vuelo,
Y creo que PUEDO, me hace creer aunque sea diferente lo que diga el contexto.

Bella, deslumbrante.
Increíble y agobiante.
De usted señora, es muy sencillo enamorarse.

Intensifica mis sentidos, me ata a mi imaginación...
Mientras me mete y le echa llave a la jaula de mi libertad,
Y se va, y me deja sumida en el silencio y dolor
(por cierto, ambos, tan hermosos como ella)

Pocos la entienden,
Muchos la confunden, casi así como confunden al señor dolor,
Tan bueno él que nos avisa cuando algo está mal en nosotros,
Que nos recuerda que vale la pena sufrir por algo mejor,
Que vale la pena sufrir por alguien, por algo.
Que vale hacerse añicos por vivir.

Así como confunden al señor silencio,
Que no necesita de palabras para expresarse,
Aparece justo cuando menos lo esperas,
O desaparece cuando más lo necesitas
Inconstante, oportuno, PERFECTO, y a veces absurdo.

Señora Soledad,

Lastima y cura, acaria y ríe en son de burla.
Me sonríe inocentemente y me empuja.
Me abraza, me acurruca y luego me deja perecer por el frío en la penunmbra.
No hay más por discutir, usted me engatuza.

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