lunes, 27 de septiembre de 2010

Diario.

Día 24:

El sudor chorreaba, se deslizaba, me abrumaba, por cada rincón de piel visible... era increíble que aún siguiera vivo, pero no hasta muy pronto, lastimosamente lo sabía y también lo daba por hecho (no es que me haya resignado, pero simplemente no había escapatoria alguna) y mi frustrada esperanza de encontrar a alguien que pudiera socorrerme era nula, tan improbable como mi supervivencia, y tan lejana como el sueño que tengo de volver a sentirme real.

No hay comentarios: