viernes, 12 de abril de 2013

Recuestate conmigo.

Y así como se cayó, ahí se quedó en el suelo. Ahora no se quiere parar.
Los rayos le dan en la cara, le arde un poco, pero eso es lo de menos. No se quiere parar.
Mira el cielo y sus pupilas se dilatan, sus párpados se entrecierran e intenta ver el sol.
Yo le digo que venga conmigo. Ella no se quiere parar.
Le gusta ver el cielo, dice.
"Las nubes se mueven sin que lo notes, como si el tiempo pasara sutil... y solo te enfocas en ver el celeste de tu transparencia reflejado en el espejo de allí arriba", apuntando con su mano para que alze yo la cabeza.
Levanté la mirada, y vi lo que ella veía. Hermoso, como una pintura.
Después de un rato de quedarme mirando el cielo me comenzó a doler un poco el cuello, ella aparentemente lo notó, me dijo: "¿Por que no te recuestas conmigo? Aquí"
Le hice caso. Me recosté sobre el césped.
Me tomó la mano.
Se hacía de noche, y todo se tornó aún más bello por el resplandor de la luna y las estrellas.
Ella está aquí, con el cielo y conmigo.
Siento sus latidos, su calor, huelo su respiración, siento su energía erizandome la piel.
No me quiero parar.

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