Entonces agarró hilo de pasión y me cosió a su boca, así como película de terror, pero con todo el romanticismo de una canción de amor. Las gotas de sangre chorreaban y se colaban entre nuestros dientes. Y ahí, tan cerca, pude notar sus ojos verde esmeralda, profundos y resplandecientes, llenos de ira y ternura al verme. Me comía, y sangrábamos más, los hilos parecían aflojarse de a beso, y yo sentía que me desgarraba un dolor punzante, me ardía la boca y él sólo seguía mordiéndome sin compasión.
La magia se triplicó cuando los hilos se rompieron, nos alejamos y en nuestros ojos había fuego.
No sentía mi boca, y tampoco quería sentirla. Él se acercó y me besó de nuevo. Tomó el hilo y la aguja y ésta vez cosió mi corazón a su pecho.
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