Me pregunté repetidas veces por ti,
no sabía si creer en lo que el corazón me contestaba,
tu silencio era melodía en el medio de mis dudas,
y las palabras que de vez en cuando soltabas,
eran un terremoto en mis emociones.
Lo extraño era cómo reventaban tus mentiras en mi mente,
explotaban en gotas de aparente verdad,
y se chorreaban en mi confianza,
ahogándome en un mar de superficial seguridad,
y si tú eras el mar, no me importaba respirar.
Tocaba el fondo, y ya no quería subir,
eras el ancla de mis deseos reprimidos,
y el tapón que mantenía mi racionalidad embotellada.
no se escapaba ni una gota de mi libre albedrío,
no me importaba vivir debajo de tu sombra y siguiendo tu camino.
Creía que te creía,
creía que me querías.
Creía que íbamos creer...
pero yo era la única que terminó por creer
en lo que nunca logrará ser.
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